
No es tarea fácil escribir acerca de alguien que no has conocido, sobre todo alguien tan excepcional como debió de ser el Profesor. Es como intentar describir una cultura antigua a partir de unos trozos de vasija y huesos. Sin embargo, podemos intuir mucho de su persona estudiando su arte, leyendo sus escritos o hablando con las personas que aprendieron con el. Ojalá logre transmitir un poquito de lo que se ilumina en la mirada de Wolfe Lowenthal cada vez que habla de su Maestro.
El Profesor Cheng Man Chi'ng nació con el siglo XX, en 1901, en el vigésimo quinto día de la sexta luna, según el calendario chino, en Yungchia, provincia de Chekiang. Su padre murió cuando era pequeño, y su madre viuda le enseñó caligrafía y poesía. Cheng hablaba de su temperamento aventurero e ingobernable en la niñez, una actitud que ni siquiera la férrea disciplina de su madre, con frecuentes y cruentas palizas, logró doblegar.
Tenía memoria fotográfica y ya había memorizado los clásicos confucianos cuando a los nueve años una pared se derrumbó fracturándole el cráneo. Durante dos días estuvo entre la vida y la muerte, hasta que un taoista errante le trató con hierbas traidas de las montañas, y aunque recuperó la conciencia, había perdido la memoria y se comportaba casi como un vegetal.
Un año después lo introdujeron en el estudio de un pintor, donde sólo era capaz de realizar tareas sencillas, como ordenar papel y mezclar tinta. Tras cuatro años, el maestro le pidió que pintara. Cheng se negó, diciendo que nunca lo había hecho. Tras insistir, el pintor logró que el muchacho se lanzara a un frenesí de trazos. Boquiabierto, descubrió que la pintura no solo era muy buena, sino que además tenía un estilo muy personal. El maestro certificó a Cheng como pintor, y desde los catorce años mantuvo a la familia vendiendo pinturas. Más adelante estudió Bellas Artes y se convirtió en profesor de pintura, caligrafía y poesía en la academia de Pekín de Bellas Artes a los veintiún años. En su estudio predominó un profundo respeto por los clásicos combinado con una curiosidad incansable que le ganó el respeto de los más severos maestros. Al igual que con su madre, se embarcó en una lucha de voluntades con el maestro literario Ch´ien Ming-shan. El joven erudito le entregó un texto para su aprobación. Ch´ien se lo devolvió lleno de tachones y críticas. El alumno lo repasó, trabajó toda la noche, y entregó un nuevo trabajo al día siguiente, que fue criticado de un modo similar. Este intercambio diario duró tres años, en los que Cheng tuvo que añadir una gran humildad a su ferrea voluntad. Poco a poco los tachones eran menos frecuentes; más tarde, desaparecieron, y por último comenzaron los elogios del maestro y la admiración del público. Años después, el Profesor Cheng citaría a su venerado maestro:
" ... El Cielo es muy parco otorgando talentos. Debes entregarte por completo a la búsqueda de la maestría, si quieres que tu talento se manifieste”.
En estas artes, se considera central el desarrollo emocional y moral del autor, pues la pureza (o bajeza) de carácter se transparentan luego en las obras. Chu Hsi, un gran calígrafo, dijo una vez: “No me importa la precisión de mi escritura, sólo me concentro en que mi mente esté clara”. Esta idea fue central para el Profesor, y la incorporó a todas sus artes.
Se le invitó a enseñar poesía en la universidad Yu-Wen de Pekin a los dieciocho años, y a los veinticinco dirigía el departamento de pintura en la escuela de Bellas Artes de Shanghai.
Mas tarde comienza el estudio de la medicina tradicional y el Tai Chi. El talón de Aquiles del joven profesor era su salud. Una tuberculosis estaba acabando con sus exiguas fuerzas, y acudió al Tai Chi Chuan como último recurso para salvar la vida. Practicando con perseverancia bajo la tutela del Gran Maestro Yang Chen Fu , el enfermo sanó, y con los años se convirtió en un experto en el arte. Cuentan en China que era un principiante testarudo empeñado en aprender a luchar. Continuamente retaba a expertos peleadores y era inevitablemente derrotado, pero no se daba por vencido, y tras estudiar sus errores, volvía a la carga.
También fundó y dirigió la Asociación médica China, unificando a las distintas escuelas y tradiciones medicinales chinas, y vicepresidió la Facultad de cultura y arte chinos de Shanghai. En 1946 formó parte de la Comisión para la redacción de la Constitución, y formó parte del Senado como representante de la comunidad médica hasta su muerte en 1975.
Dicen que su personalidad era “de fuego”. Con intensidad y pasión alcanzó la maestría en cada una de las cinco artes que abordó, ganándose el apodo de “Maestro de las Cinco Excelencias”. En el año 38 cristalizó su estudio del Tai Chi creando la forma de 37 movimientos, que ahora es la más extendida en el sudeste asiático y EEUU. Su Tai Chi, conservando un profundo respeto por la enseñanza de su Maestro Yang Chen Fu, evolucionó enriqueciéndose de su comprensión de aspectos filosóficos y médicos del cuerpo, mente y espíritu ausentes en la cultura marcial de la época. Parece ser que también se vió influenciado por la enseñanza de un místico taoista que le ayudó en su desarrollo interno.
Su genio venía de su habilidad para cerrar el hueco que separa la actividad mental de su manifestación física, lo que le otorgaba sensibilidad, agilidad y economía de movimientos ilimitadas. Al liberar el flujo de su ch`i, era capaz de manifestar la esencia de su ser en todas las artes que acometió, unificando las cinco “como perlas en un hilo”. Este hilo era el Tao.
A los cuarenta se casó con Yi-tu Ting, y tuvo tres hijas y dos hijos. El profesor se exilió a Taiwán en 1949 en donde continuó su fructífero trabajo y propagó su Tai Chi, fundando distintas instituciones, como la escuela shr-jung de Tai Chi. Posteriormente viajó a Nueva York, donde siguió compartiendo la grandeza de su estudio con cientos de estudiantes, creando un puente entre las dos culturas. También dio clases sobre las enseñanzas de Lao-Tse y Confucio.
Entre los más dedicados estudiantes se encontraba un joven escritor y líder del movimiento pacifista, que decidió dedicar su vida al estudio del Tai Chi, y ahora es el Maestro de nuestro Maestro, Wolfe Lowenthal, que decidió dedicar su vida al estudio del Tai Chi, y ahora es el Maestro de nuestro Maestro, Manuel Yubero.
Al haber tenido que exiliarse de su amada China, bajo toda la energía del Profesor se refugiaba una gran tristeza, a la que daba escape escribiendo poemas de melancolía abrumadora. Pero también expresaba un espíritu alegre y bromista, y el contraste entre su sabiduría y la mezcolanza cultural de Nueva York daría lugar a un montón de anécdotas curiosas.
Tras crear una gran escuela, y enriquecer con su espíritu la vida de centenares de estudiantes, el profesor Cheng decidió volver a Taiwán, y unos días después enfermó y nos dejó, el 26 de Marzo de 1976.
A los que hemos aceptado el desafío que nos dejó, desentrañar los misterios de “la Grandeza del Chi”, su figura y su espíritu inalcanzables son a la vez fuente de frustración e inspiración.
Los practicantes de hoy en día tenemos el privilegio y la responsabilidad de explorar y expandir las fronteras del arte del Profesor. Si su enseñanza se diluye hasta extinguirse, o se enraiza y eleva más allá todavía depende de cada uno de nosotros. El futuro del arte esta en nuestras manos, tal y como el Profesor lo hubiera querido.

José Luis Monforte
monforte ( at ) changchuen.com
Instructor de la Escuela ChangChuen en Avilés (Asturias)
Estudia de la mano de Manuel Yubero
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Dentro del armamento tradicional del Tai Chi Chuan, la espada recta es considerada como el arma más difícil de dominar. Es bien conocido el proverbio chino que reza “100 días para dominar el sable, 1000 días para dominar la lanza y 10000 días para dominar la espada”.
Como vemos a un soldado de infantería le tomaba poco más de tres meses hacerse con un repertorio técnico apropiado con el sable. En torno a tres años eran necesarios para dominar la lanza. Lo más difícil era dedicar casi treinta años para obtener la pericia necesaria para comprender esta sutil arma. No es de extrañar que la espada fuera considerada un arma superior, a la vez que daba prestigio a quien la portase a su espalda. Era el arma de los caballeros y de los sabios taoístas.
Hacia el final de sus enseñanzas, el Profesor Cheng Man-Chi´ng sostenía que el Tai Chi Chuan que él practicaba y enseñaba era como un trípode basado en la forma de mano vacía, el empuje de manos y la espada, que, a su vez, incluye la forma de la espada y la esgrima.
Tradicionalmente la espada que se utiliza para la práctica de Tai Chi es la espada común china conocida como Chien o también como Gim. Es perfectamente recta y su hoja tiene dos filos. Tan sólo se afila el tercio más alejado de la empuñadura. En la actualidad aparte de las espadas comerciales metálicas, el practicante puede elegir entre ligeros modelos telescópicos y las réplicas en madera, más aconsejables para la práctica de la esgrima.
Por sí mismo, el trabajo de espada se puede considerar como un arte dentro del arte. A pesar de ello, técnicamente, la forma de espada debe seguir los mismos principios que su hermana de mano vacía, debe permitir el desarrollo de la relajación, así como el hundimiento de la cadera, la respiración y el Chi en el Dan Tien.
Se ha de mantener la espalda recta para una correcta alineación postural y dejar que el peso del cuerpo, y de la propia espada, se hundan en el centro de la planta del pie (conexión con el punto Yung Chuan). La cabeza permanecerá erguida, como si estuviese suspendida desde arriba (conexión con el punto Ni Wan). El cuerpo será una sola pieza. El arma será una parte más del cuerpo. La línea de los hombros estará alineada con la cadera y la nariz se alineará con el ombligo.
Los movimientos han de ser ejecutados de manera suave y continua, permitiendo al Chi fluir desde los pies hasta la punta de la espada. Se viajará de una postura a otra sin hacer uso de los brazos ni de los hombros. Como siempre la cadera será el comandante. El Chi y el "corazón-mente" deberán protegerse mutuamente en el Dan Tien. Como diferencias tenemos que la velocidad de la forma de espada es ligeramente superior a la velocidad de la forma de mano vacía. Asimismo la mirada ha de seguir a la espada y no al frente como en la forma de mano vacía. En concreto los ojos seguirán a la parte activa del arma o de la acción. En función de la técnica que se realice, éstos se fijarán en la punta, el filo, la empuñadura, o incluso la mano opuesta. Como ya vimos anteriormente, para la práctica de la esgrima se usan espadas de madera.
El Profesor Cheng Man-Ch'ìng enseñaba una esgrima caracterizada por gran libertad de movimientos. Ello supone la parte más aeróbica dentro del sistema, y en opinión de muchos y muy serios practicantes, la más divertida.
Para practicar esgrima correctamente, no deberíamos pensar en términos de cortar y no ser cortados. El énfasis estará en pegarse y adherirse. De ese modo escucharemos a la energía del adversario y así sabremos de sus intenciones.
No se puede ser perezoso en la esgrima. Los pies han de estar ágiles y rápidos. "Los pies son a la esgrima lo que la cintura es al empuje de manos" es una afirmación a tener muy en cuenta para el estudiante aventajado de esta escuela.
En contra de usar fuerza contra fuerza, el exponente deberá evitar los ataques de su contrincante con sutileza. Ello será posible si realiza rápidos, flexibles y eficientes desplazamientos. El fin es llegar a posiciones en las que nuestra espada nos proteja y al mismo tiempo tengamos a nuestra merced áreas vulnerables del oponente.
El método consiste básicamente en que las espadas de ambos contendientes se adhieran. Mi espada es un obstáculo para mi adversario, su espada lo es para mí. Por tanto ambas espadas permanecen en contacto pendientes del objetivo principal: la mano del adversario, ya que en condiciones normales éste será el punto más cercano de su cuerpo. Si yo voy tras la mano y mi contrincante a por mi corazón tengo una tremenda ventaja ya que mi objetivo estará siempre más cercano y accesible que el suyo, como nos advierte Wolfe Lowenthal tanto en sus obras como en sus cursos y clases.
Incluso en tiempos modernos, donde no es necesario el manejo de la espada por motivos de defensa personal, el estudiante serio se beneficiará del trabajo de esgrima por variadas razones:
De un lado tenemos que determinadas habilidades pueden ser mejoradas a través de esta faceta del Arte. Dichas habilidades suponen un desarrollo de los aspectos motrices y marciales del Tai Chi Chuan, a saber, distancia, tiempo, equilibrio, coordinación, percepción espacial, adherencia, suavidad, velocidad de reacción, escucha... por citar algunas.
De otro lado, el estudio y comprensión de la espada conecta al alumno con el no poco importante acceso a la historia y la cultura de las artes marciales chinas en general y de las internas en particular.
Pero quizás en el centro de todo esté el mayor de los beneficios que este arte puede aportar al practicante: El estudio de las interacciones del Yin y del Yang en la naturaleza (comprensión del macrocosmos) y el auto-conocimiento (comprensión del microcosmos), así como las extrapolables semejanzas entre el macrocosmos (la naturaleza -El cielo y la tierra- la creación en definitiva) y el microcosmos (el ser humano).
El cielo (Yang), la tierra (Yin) y el ser humano, que hace de antena entre ambos y que es quien puede recoger el Yang del cielo y el Yin de la tierra para cultivarlos de manera armónica en el Dan Tien obteniendo de ese modo un TAI CHI, representan los tres poderes, un pilar para el gran objetivo que Wolfe a menudo comenta y del que Cheng Man-Chi´ng hablaba: El estudio del Tao, el estudio de la Grandeza del Chi.
Quizá por ello el dominio del noble arma se reserva para quienes pueden usarla eficazmente sin esfuerzo aparente, aquellos quienes han alcanzado las más altas cotas de la Maestría en el Arte del Tai Chi.

Manuel Yubero
manuelyubero (at) changchuen.com
Practica Tai Chi Chuan desde 1983
Lo enseña desde 1989.
Estudió de la mano de Gaspar García
En los últimos años sigue la línea de Cheng Man-Chi´ng con Wolfe Lowenthal
Dirige la Escuela Chang Chuen - Primavera Eterna donde simultanea la enseñanza del Tai Chi Chuan con la del Luohan Chi Kung y la del Choy Lee Fut Kung Fu
Artículo publicado en la revista
Taichi Chuan nº2
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El empuje de manos es una parte fundamental del Tai Chi Chuan y tambien una de las menos exploradas. Cada vez hay un mayor número de estudiantes interesados en profundizar en este aspecto, y por esta razón quisiera compartir parte de mi experiencia como practicante apasionado de tuishou. Son conclusiones que pertenecen a mi trayectoria personal concreta, y no son el único camino a seguir. Sin embargo resumen mis avances y muchas alegrías en la práctica del Tai Chi Chuan, y el lector despierto sabrá sacar algún provecho de ellas. No tengo intención de exponer una técnica específica o las distintas rutinas de trabajo, esto es algo que debe hacerse persona a persona. Más bien quiero compartir diversas observaciones e indicaciones que pueden ser útiles a quienes tengan interés en profundizar en este tipo de trabajo y necesiten acertar con las claves adecuadas.
Analicemos el ejercicio: cuando dos personas practican empuje de manos, entran en contacto físico a través de diversas superficies del cuerpo, generalmente la palma o el dorso de la mano, el codo, el antebrazo. Estudiar empuje de manos es estudiar las distintas sensaciones que llegan a nuestra mente a través de estos puntos, y como reaccionamos a ellas.
Buscar la sensación
La sensación más evidente, y sobre la que insistiré en este texto, es la presión que supone el contacto físico con el oponente. Debemos estudiar que hacer con esta presión para producir el movimiento, y gradualmente desarrollar el poder de neutralización y emisión que carateriza el Tai Chi Chuan como arte marcial.
En una primera etapa, para lograr un progreso, es muy importante renunciar totalmente a aplicar nuestra fuerza sobre nuestro compañero. Debemos, olvidarnos, por un tiempo, de las aplicaciones marciales. Por tentador y sencillo que parezca, no podemos utilizar la fuerza para resolver una situación.
Renunciando por el momento al aspecto competitivo, imaginemos que el empuje de manos es como un masaje. La técnica consiste en mantener, a través de las superficies de contacto una suave presión desde nuestro centro hasta el centro de nuestro compañero. Esta suave presión debe ser continua, y el resultado de la fuerza unificada de todo el cuerpo. Es una fuerza que viene desde los pies, y se manifiesta en las manos: no debemos apoyarnos lo más mínimo en nuestro compañero.
El silencio interior
Una vez existe esta suave presión, la siguiente indicación es cultivar el silencio interior. Esta expresión significa que no debo efectuar ningún movimiento superfluo, cada pequeño movimiento del cuerpo tiene por objetivo mantener y seguir el contacto con el oponente. Cualquier otro movimiento está de más, y solo enturbiará nuestras sensaciones. Cuando existe esta suave presión, y silenciamos nuestro interior, entonces es el momento en el cual el movimiento se expresa por si mismo. La diferencia es que ahora, el movimiento no es la consecuencia de nuestra intención, sino el reajuste de nuestra posición a la presión que estamos intercambiando. Atentos al clásico: "no insistir, no resistir". ¿Como se reajusta mi postura para ceder a la presión que siento? Si la presión es mayor en el lado izquierdo, entonces se vacía este lado, si es mayor en el lado derecho, entonces se vacía este otro.
Me gustaría responder a las preguntas: ¿Cómo se consigue el silencio interior? ¿En qué consiste esa sensación? Pero no puedo llegar muy lejos en mi respuestas, por falta de experiencia, y por la complejidad del concepto. Hay dos citas que me gustaría recordar en este momento, la primera es “el ch'i y el corazón mente se protegen mutuamente en el tan tien”, y la segunda, “la cualidad de la mente es amplia como si contuviera el universo”. En definitiva, en la práctica del empuje de manos, buscamos un estado similar al que buscamos en la práctica de la forma. Esta actitud demustra ser muy enriquecedora.
Es necesario practicar con calma y precisión. Hay que mantener el silencio interno y permanecer atentos y relajados. Entonces la presión se va abriendo camino por el cuerpo, y este cada vez se reajusta con mas precisión. La técnica del Tai Chi Chuan tiene que ver con aprender a soltar y movilizar partes de nuestro cuerpo que ni siquiera sabemos que son nuestras. Si intentamos forzar el movimiento activando la musculatura más externa, nos estaremos echando a perder este proceso. Es necesario aceptar que apenas somos conscientes de nuestro propio cuerpo, y entonces estaremos en el camino de llegar a serlo. Maravillosamente, la cualidad del empuje de manos como masaje, donde utilizo la energía mecánica de mi oponente para movilizar y escuchar el interior del cuerpo, es una potente herramienta para soltar tensiones internas, y descubrir profundos aspectos biomecánicos.
Comprender la neutralización
Una vez hemos aceptado este hecho, podemos comprender la dificultad y la profundidad de la técnica de la neutralización. A primera vista, parece ser tan simple como que si el oponente me empuja por la derecha, yo le empujo por la izquierda. Pero es algo más que eso, el movimiento tiene que viajar por el interior del cuerpo, y la propia energía mecánica del oponente, suavemente unida a la mía, produce la neutralización. Esta es una buena razón para insitir en silenciar el interior, y más que efectuar una técnica, armarse de paciencia, y dejar que ocurra. La relajación, el alineamiento y la complicidad con el compañero son nuestros mejores aliados en esta búsqueda.
Es muy bueno comenzar practicando patrones fijos. En ellos el papel del atancante y del defensor está diferenciado, y evitamos entrar en esta disputa. El papel del atacante consiste en mantener una fuerza uniforme y continua, y el papel del defensor es ceder a esta fuerza mediante el reajuste de la postura siguiendo la técnica sugerida por el patrón. No se trata de seguir la rutina ciegamente, sino de estudiar cada uno su papel. El atacante estudia como unificar la fuerza del cuerpo, y el defensor estudia la neutralización. No es necesario hacérnoslo más dificil, si el defensor pierde la estructura simplemente es empujado, y si la mantiene, de forma natural neutralizará el ataque.
Ataque y defensa se acoplan y alternan con precisión: "peng lu ji an es como dos hombres serrando". La precisión es fundamental, si hay precisión, entonces, la sensación de contacto aumenta como seremos capaces de seguir al oponente cada vez con más facilidad, incluso con todo el cuerpo. La capacidad de adherirse suavemente a la fuerza del oponente da sentido al clásico "cuatro liang mueven mil jin" (ver NOTA). El momento de cambio entre el ataque y la defensa es crítico; con el tiempo llegaremos a distiguir el preciso momento en el que el ataque es o no neutralizado.
El trabajo marcial
Cuando se van realizando estos avances, podemos ir explorando el aspecto de las aplicaciones marciales. Tampoco es necesario recurrir constantemente a la competición. Para el desarrollo de la técnica, es muy importante la mutua cooperación, y la dificultad debe ajustarse a la habilidad de los practicantes. Si el resultado de una ronda de empuje de manos es acabar agotado, probablemente estamos pasando por alto este punto.
Podemos variar la técnica de ataque, y permitir que surjan diversas formas de neutralización y contrataque. Manteniendo siempre la fuerza unificada, y siendo fieles a los principios del arte, van surgiendo las "mil variaciones". El yin y yang propios compensan los del compañero, y de esta manera las apliaciones marciales surgen por si mismas. Si la intención está en escuchar los intercambios de yin y yang que se producen entre mi oponente y yo, entonces la práctica del empuje de manos se convierte en una actividad muy agradable y beneficiosa, manifestación de la grandeza del Ch'i.
Quisiera insistir en el hecho de que las más grandes y bellas lecciones del empuje de manos vienen con la práctica continua, y no pueden transmitirse en una exposición teórica. ¡Animo!
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(NoTa) Realmente es un viejo refran chino utilizado por mercaderes. No sabría decir si se refiere al poder de la palanca, o al del dinero. De cualquier forma la metáfora es la misma.
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David Blázquez
davidblazquez ( at ) changchuen.com
Instructor de la Escuela ChangChuen en Barcelona (Cataluña)
Estudia de la mano de Manuel Yubero
Artículo publicado en la revista
Taichi Chuan nº6
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Esta es la historia de dos ríos. Uno de ellos, de nombre Yang Tsé, o río amarillo, está entre los más importantes del mundo. Al otro, nadie se molestó en ponerle nombre, asi que lo llamaremos Hsüan, que significa escondido. Yang Tsé nació del matrimonio de un enorme glaciar y una montaña orgullosa en el centro del mundo, y aún en la tierna infancia era fuerte, brincando con energía de peña en peña. Cuentan que una vez una cordillera se interpuso en su camino y el niño Yang Tse la partió en dos sin inmutarse. Por su parte, Hsüan llegó al mundo arrastrándose como un mísero hilo de nieve fundida, sucia y enfangada, en un anónimo monte del norte de China. Rápidamente se dio cuenta de que su vida iba a ser corta. El Océano podía divisarse desde la cumbre del monte.
El río amarillo pronto descubrió que estaba destinado a forjarse un destino glorioso. Muchos afluentes le ofrendaban su agua, y pronto el mugido de una vaca no se podía oir de una orilla a otra. Mientras tanto, Hsüan se lastimaba precipitándose desde una roca sobre un lecho de piedras afiladas. Una de sus pocas alegrías en aquella época fue nutrir un hermoso matojo de flores de montaña a los pies de la cascada, que fueron prontamente masticadas por un rebaño de cabras montesas (Unas flores simplemente deliciosas, con un retrogusto dulcemente afrutado, a decir de las cabras).
El orgulloso Amarillo empezó a ver mundo, pasó por tierras de belleza mágica, brindó su vapor a centenares de fieros soles y su hielo a la luna azul. Profundas raices se hundieron en su lecho, y bestias formidables lo miraban pasar maravilladas. El los nutrió a todos con generosidad. Incluso los hombres empezaron a instalarse en sus fértiles orillas.
El único ser humano que Hsüan vió en su vida fue el pastorcillo que cuidaba el rebaño de cabras. “¡Quizá este muchacho me de un nombre!” pensó esperanzado Hsüan, pero no fue así. Sin decir palabra, el muchacho abrió sus pantalones y bautizó al riachuelo con un copioso chorro de pis, para su indignación (Y también la de una cabra que bebía un poco más abajo, y que se tomaría cumplida venganza meses más tarde mordiéndole sus partes. Las cabras pueden ser muy rencorosas).
A la vez que Yang Tse reía veloz haciendo gráciles curvas por las llanuras, Hsüan se estancó desesperado en una oscuro pozo durante años, hasta que lo rebosó y pudo seguir cansinamente. Una familia de ranas se mudó años más tarde a la charca, muy espaciosa, amueblada con nenúfares y hermosas vistas al mar.
Yang Tse descubrió que dominaba el destino de todos los seres de la creación. Si a voluntad inundaba una llanura, muchos morían, pero al descender la crecida los cadáveres eran un abono riquísimo para los cultivos. La vida de rocas, plantas, animales y hombres estaba a su merced. Se sentía como un Dios.
“Parece que ya se ve la orilla del océano ... espero que mi fin al menos sea tranquilo”. Pero al desafortunado Hsüan le esperaba otra sorpresa. De repente, la tierra se hundió bajo sus pies y cayó en la oscuridad total. Sólo sentía el roce de las ásperas paredes de una caverna. “¡No puedo ver! ¡No se hacia donde ir!” Gritó un eco desesperanzado. Pasó mucho tiempo a oscuras, inmovil, y el fango que traía de la montaña se decantó al fondo. Entonces, de lo más hondo de su amargura, surgió la transparencia; se abandonó y se dejó fluir. La caverna le guiaba, todo lo que tenía que hacer era dejarse llevar más y más rápido, más y más lejos, hasta que al fin, las paredes desaparecieron.
El Dios Yang Tse, o asi le gustaba llamarse, convocó a cientos, miles, millones de fieles. Formaron pueblos, luego ciudades, y finalmente las metrópolis se agolpaban en sus orillas. Yang Tse empezó a inquietarse, porque cada vez eran más numerosos y empezaban a recordarle un enjambre de avispas enfurecidas. Los hombres, atraidos por la riqueza del Río Dios, empezaron a envenenarlo, cada vez con ponzoñas más letales. Sus fieles se convirtieron en verdugos. En la actualidad el cadaver del Yang Tse fluye podrido y pestilente en el Océano Pacífico.
Hsüan dejó de sentir las paredes de la cueva, que desembocaba varias leguas mar adentro, en el lecho marino. Sus aguas se fundieron en la inmensidad eterna del abrazo del Abuelo Océano.
Epílogo: Las aguas de Hsüan fueron paladeadas por una tribu de besugos, cuyo miembro más sensible y pomposo no dejaba de asegurar a todo el que quisiera escucharle: “Ejem... Si bien son excelentes, tienen un cierto regusto a pis”.

José Luis Monforte
monforte ( at ) changchuen.com
Instructor de la Escuela ChangChuen en Avilés (Asturias)
Estudia de la mano de Manuel Yubero
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"MAYORES con pareja". Bajo este lema, la Diputación Provincial está desarrollando su tradicional Escuela de Verano en la residencia de los Hermanos Maristas en la que participan 86 personas a partir de los 55 años (jubilados) de la provincia. En otras ocasiones, esta actividad se ha desarrollado en zonas costeras, como en Perlora (Asturias) pero esta vez son las instalaciones de los Maristas, situadas en la carretera de Madrid, las que acogen el numeroso grupo hasta el próximo día 1 de julio. Allí viven y conviven, comparten, aprenden, disfrutan del ocio, hacen excursiones, asisten a conferencias y practican hábitos saludables como el yoga, taichí o musicoterapia y dan paseos al aire libre.
Pilar Martín, Marisol Tundidor, Ambrosio Marciel y Soledad Minayo forman parte del equipo técnico del Programa de Personas Mayores de la institución provincial, junto con Ángel de Castro y Cristina López, y ya conocen a alguno de los participantes. Dicen que todos ellos buscan aprender, salir de la rutina, ocupar el tiempo libre y seguir la línea que marca el envejecimiento activo. «Se les motiva a través de la formación y se les facilitan esos instrumentos para su desarrollo personal y social». Y es que por su edad, estas personas no han vivido la cultura del ocio tal como la conocemos hoy.
Manuel G. Yubero es el monitor de taichí. En la zona deportiva, bajo frondosos árboles que aportan la sombra, ha reunido a una hora temprana a un numeroso grupo de mayores para poner en practica la relajación que aporta esta el ejercicio. Eusebio Sanz, Cristina Ferrero, Isidora González, Dionisio Sánchez, Melchor García, Carmen Ramos, Trinidad Hernández, Gerardo Gallo, Julia Vázquez, Félix Alcalde, Isabel Bravo, Gonzalo Hernández, Teresa Valverde, Julio Pescador, Elisa Brutos, Jose María Ruiz, Julia Zapatero, Saturnino López, Abundia Zapatero, Miguel Bombín, Vicenta Requejo, Marciano Calvo, Teodora Bartolomé, David Rico, Pilar del Prado, Herminia del Pozo, Aurelio Íscar, Milagros Gutiérrez, Dionisio Sanz, Felisa Bachiller, Jesusa López, Enriqueta Sánchez, Julia Gil, Andrés Serrano, Porfiria Sanz, Alejandra Vara, Dionisio Olandía, Cesárea Gallego, Isidro Alonso y Pilar del Olmo mueven los brazos lentamente al ritmo que impone el monitor. Después, tienen trabajos en grupo sobre afectividad y sexualidad, y por la tarde, una conferencia sobre este tema y una excursión en barco por 'La leyenda del Pisuerga'. Nunca es tarde para aprender y disfrutar.
Envejecimiento activo
Los participantes siguen las indicaciones del monitor durante la clase matinal de taichí
( artículo original )
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Manuel Yubero
manuelyubero@changchuen.com
Practica Tai Chi Chuan desde 1983
Lo enseña desde 1989.
Estudió de la mano de Gaspar García
En los últimos años sigue la línea de Cheng Man-Chi´ng con Wolfe Lowenthal
Dirige la Escuela Chang Chuen - Primavera Eterna donde simultanea la enseñanza del Tai Chi Chuan con la del Luohan Chi Kung y la del Choy Lee Fut Kung Fu
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Arte para cultivar la mente y el cuerpo. Prácticas para conseguir bienestar. Una forma de prevenir la aparición de enfermedades y remitir algunas ya presentes. Todo esto y más es lo que se consigue con la práctica de artes orientales como el tai chi o el yoga. Y de sus efectos beneficiosos sobre la salud hablaron el pasado jueves el profesor de tai chi José Luis Monforte, la psicóloga Inmaculada Vallina, la farmacéutica Amparo González y el médico Carlos Cuartas en la Casa de Cultura en un acto organizado por el Club NUEVA ESPAÑA. Todos ellos son practicantes de yoga y tai chi.
José Luis Monforte, al inicio de la mesa-coloquio, explicó las diferencia que existe entre la práctica de actividades físicas en Occidente y en Oriente. «En Occidente se busca el resultado de ese esfuerzo físico. "Más alto, más rápido, más fuerte". Mientras que en Oriente lo que se busca es concentrarse en el proceso, prestando atención a cómo funciona el cuerpo. El ideal de estas artes es el presente», aseguró.
En cuanto a la relación entre estas prácticas orientales y la salud, la psicóloga Inmaculada Vallina resaltó que es recomendable practicar tai chi o yoga como complemento a ciertas terapias destinadas a frenar la ansiedad o la hipocondria. «Enseñan una mirada tranquila y no ansiosa sobre su biología», dijo Vallina. De la misma opinión fue el doctor Carlos Cuartas.«Estas prácticas ayudan a estabilizar a la persona y a conocer sensaciones nuevas. Es bueno para la mente y el cuerpo, para superar todo tipo de enfermedades y no caer en ellas», señaló. El doctor señaló que la salud significa el bienestar físico, psíquico y social, y hacer estos deportes consiguen equilibrar todos ellos. «Todas estas enseñanzas tienen un punto de conexión, una determinada esencia común. Por ello, cada persona tiene que elegir la que más le convenga teniendo en cuenta sus diferencias», añadió Cuartas.Monforte, no obstante, quiso ser cauto con estas afirmaciones. «Lo que interesa es tomarse estas prácticas con paciencia. Los problemas de salud tardan años en gestarse, la solución también tiene que ser gradual y no exigir al cuerpo resultados inmediatos», explicó el profesor.
Amparo González, farmacéutica y reciente practicante de tai chi señaló que este arte fortalece «potencialidades que van a menos». «Te explican cómo una mejor respiración te ayuda en el envejecimiento o mejorar el equilibrio para evitar caídas. A mí me ha ido muy bien», explicó.
Para acudir a estas clases orientales no hay limitación de edad y están indicadas para todas las personas. «Siempre que puedas manejarte puedes practicar el tai chi», aseguró Monforte. Están, además, recomendadas para personas que tienen problemas de artrosis, osteoporosis o problemas de espalda.

Cuerpo y mente saludables
De izquierda a derecha, Carlos Cuartas, Inmaculada Vallina, José Luis Monforte, Amparo González y Ramón Baragaño (moderador)
(artículo original)
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El Club de LA NUEVA ESPAÑA organizó hace unos días una mesa redonda en la Casa de Cultura sobre el tema «Artes orientales y salud»; intervinieron Inmaculada Vallina, psicóloga y practicante de taichi; Amparo González, farmacéutica y practicante de taichi; Carlos Cuartas, médico y practicante de Yoga, y José Luis Monforte, profesor de lohan chi kung. Te enteras de semejante movida y lo primero que piensas es que se trata de algo para iniciados que tampoco va a tener demasiados oyentes y luego resulta que hubo expectación, con llenazo y gente de pie porque no había asiento para todos.
Resulta cada día más evidente que comenzamos a vivir otros tiempos, otros modos, otras culturas, que es lo que toca, y esto lo solemos decir con la boca pequeña sin estar muy convencidos de que la peripecia del Homo sapiens discurra de semejante manera, aunque luego, y delante de nuestros propios ojos, unos expertos en yoga y taichi te inviten a una mesa redonda para hablar de salud o educación y ocurra lo que he contado, que la gente no cabe.
Estamos a punto de cruzar el umbral de lo ignoto, lo misterioso, de aquello que desconocemos, y apenas nos damos cuenta de la confusión que nos aguarda, pues aquí seguimos, erre que erre, elucubrando con los menores, el «botellón» y los guardias, que no falte la Poli. Y con esta mentalidad paterna ¿cómo afrontarán los retos de cada día los hijos quinceañeros?; pues desorientados, que ellos de artes orientales, nada.

Cuerpo y mente saludables
De izquierda a derecha, Carlos Cuartas, Inmaculada Vallina, José Luis Monforte, Amparo González y Ramón Baragaño (moderador)
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La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Badajoz ha organizado un curso de tai chi , un arte marcial oriental que mejora la salud, que se impartirá en la sede de la asociación a partir del 7 de abril, impartido por el profesor en este arte y psicólogo de la entidad, Raúl Martínez.
El motivo de impartir este curso es que el cáncer supone para la mayoría de las personas una situación traumática tanto para el enfermo como para los familiares, que sufren depresión y ansiedad, por ello la relajación y las actividades para distraerse son importantes. El tai chi , arte tradicional chino, consiste en una serie de movimientos lentos combinados con relajación, concentración y respiración, que proporcionan, según fuentes de la AECC. Y, además, practicado en grupo "ofrece un momento de encuentro con personas en parecida situación vital".rte para cultivar la mente y el cuerpo. Prácticas para conseguir bienestar. Una forma de prevenir la aparición de enfermedades y remitir algunas ya presentes. Todo esto y más es lo que se consigue con la práctica de artes orientales como el tai chi o el yoga. Y de sus efectos beneficiosos sobre la salud hablaron el pasado jueves el profesor de tai chi José Luis Monformte, la psicóloga Inmaculada Vallina, la farmacéutica Amparo González y el médico Carlos Cuartas en la Casa de Cultura en un acto organizado por el Club NUEVA ESPAÑA. Todos ellos son practicantes de yoga y tai chi.
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Curso de taichi
Raúl Martínez, psicólogo e instructor de taichi
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Nacimiento: Guadalajara, 1973
Formación: Licenciado en Psicología
Ocupación: Psicólogo y Profesor de Taichi
Cargo: Trabajador de la asociación Española Contra el Cancer
Raúl Martínez Suárez es psicólogo y ejerce en la Asociación de Lucha contra el Cáncer, en Badajoz desde noviembre y en Zafra desde enero del 2005. En sus años de estudiantes aprendió tai chí, un arte oriental que aplica a los pacientes oncológicos.
--¿Cómo decidió unir psicología y la técnica del taichí?
--En el caso del cáncer es una de las ayudas que se ofrecen al enfermo, como técnica de relajación y como actividad de distracción, y el taichí en estos casos cumple ambas funciones y es una forma de aprender a rebajar la tensión y ejercitarse.
--¿Cómo se inició en usted?
--Comencé cuando fui a estudiar a Salamanca en el año 1993, lo aprendí mientras hacía la carrera y cuando terminé me vine a Extremadura. Ahora doy clases en Badajoz, Zafra y Llerena y voy a cursos de perfeccionamiento.
--¿Qué le llevó a unir ambas disciplinas?
--En la terapia psicológica, entre otras cosas necesitan distracción y hacer una vida lo más normal posible; el taichí se puede ver como técnica de relajación, de control del cuerpo y sirve para distraer. A largo plazo tiene un efecto espiritual, pero en el curso se pretende la relajación.
--¿Y cómo lo reciben los pacientes?
--El curso es para los pacientes y para sus familiares. Eso les sirve como nexo de unión, es una manera de compartir un momento vital y de hacer que disminuya la ansiedad al conocer gente que para por lo mismo; eso les ayuda. Lo importante aquí es la relajación, distracción y el encuentro con gente en su misma situación. En Badajoz es la primera vez que se imparte este curso.a Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Badajoz ha organizado un curso de tai chi , un arte marcial oriental que mejora la salud, que se impartirá en la sede de la asociación a partir del 7 de abril, impartido por el profesor en este arte y psicólogo de la entidad, Raúl Martínez.
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Curso de taichi
Raúl Martínez, psicólogo e instructor de taichi
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«El taichi es un excelente ejercicio para recuperar dolencias y, además, carece de contraindicaciones». Con estas palabras «vendió» el pasado martes José Luis Monforte esta disciplina oriental milenaria que, poco a poco, gana adeptos entre la población. El profesor ofreció una conferencia en la Casa de Cultura, dentro de los actos organizados por el Club LA NUEVA ESPAÑA de Avilés.
Monforte realizó, en primer lugar, un recorrido por la historia de esta práctica, desde el año 4000 antes de Cristo, hasta nuestros días. «El taichi no es una tabla de gimnasia que se aprende en un par de horas. Es algo muy profundo que puede llevar décadas dominar. Es un desafío muy interesante, algo que se tiene que practicar con constancia», continuó el profesor avilesino.
Una de las claves de este arte es que, según explicó, intenta enseñar hábitos correctos. «El individuo tiene la posibilidad de influir en su salud, mucho más que el médico. Por eso, tenemos que desaprender hábitos posturales, respiratorios y mentales incorrectos y crear hábitos de vida saludables», comentó Monforte.
El experto en taichi explicó también los principios básicos de esta disciplina, que consiste en colocar bien el cuerpo para disminuir esfuerzos innecesarios, conseguir una respiración abdominal y una mente relajada y concentrada. Para que los asistentes, más de medio centenar, conocieran algunas de estas técnicas, propuso realizar algunos ejercicios prácticos sin moverse de la silla.
La última parte de la charla se basó en informes médicos que avalan la efectividad de la práctica. Según dijo Monforte, el taichi es muy recomendable, sobre todo para personas mayores, aunque animó a todos a practicarlo. «Las personas mayores pueden controlar mejor el equilibrio y así evitar caerse; también mejora la capacidad cardiovascular y la calidad de vida», explicó. Afirmó también que éste es un buen método para corregir enfermedades mentales, como la depresión, el estrés o la ansiedad. «La meditación es capaz de activar la parte del cerebro que genera la felicidad. Por eso recomiendo que, en vez de tomar fármacos, practiquen estos ejercicios», terminó.

José Luis Monforte
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Instructor de la Escuela ChangChuen en Avilés (Asturias)
Estudia de la mano de Manuel Yubero
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